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«Sirven sobre todo medicinas»: la comunidad ucraniana de Italia se moviliza

Toneladas de bienes de primera necesidad se agolpan en la basílica de Santa Sofía, la iglesia católica de los ucranianos en Roma, donde decenas de voluntarios trabajan sin pausa para que esta ayuda pueda llegar en camiones a los que están sufriendo la invasión de Rusia desde hace más de una semana: «Sirven sobre todo medicinas».

En Italia se ha vivido una verdadera explosión de solidaridad y decenas de vehículos de romanos y ucranianos se agolpen ante la monumental basílica para llevar su ayuda. «¿Necesita algún voluntario más?», pregunta un señor romano al rector de Santa Sofía, el padre Marco Semehen, que contesta: «Siempre vienen bien dos manos más». Este es el centro de referencia para la comunidad ucraniana en Roma y en Italia, el país que concentra el mayor número de migrantes de Ucrania en la Unión Europea (UE), con cerca de 236.000, más de una cuarta parte del total, según datos de Eurostat de 2020.

Ahora se ha convertido en un enorme almacén del que ya han salido diez camiones para tres ciudades del oeste de Ucrania, entre ellas Ivano-Frankivs’k, donde hay centros de distribución de Caritas desde los que intentarán llevar a varias ciudades sitiadas, donde está empezando a escasear todo, esta ayuda, que incluye desde mantas a pañales, e incluso una fila infinita de botes de crema de cacao, el dulce que los italianos comprarían para sus hijos. Esta mañana ha llegado un nuevo cargamento con medicinas y material sanitario de primera necesidad enviado por el papa Francisco, explica a EFE el padre Semehen, que se muestra «muy feliz y agradecido» por la enorme respuesta que ha tenido su petición de ayuda para Ucrania «en este periodo tan difícil y trágico por una guerra absurda e inútil».

El padre explica que las peticiones de lo que se necesita en Ucrania van cambiando, pero que «lo más urgente son medicinas, a lo que ha respondido el Santo Padre y muchas otras asociaciones, ambulatorios y farmacias de toda Italia y luego también se necesita comida, sobre todo latas que se puedan abrir y comer al momento, sacos para dormir, pilas, antorchas y objetos de higiene personal». El rector de Santa Sofía explica que también se está poniendo en marcha una red de acogida para los ucranianos que vayan llegando tras escapar de la guerra.

El centro es un hormiguero de voluntarios que no paran un momento de descargar los coches llenos de productos que llegan procedentes de ciudadanos privados o asociaciones. Se ha hecho necesario incluso un servicio de aparcamiento para poder circular y no crear atascos. Junto a los impresionantes mosaicos de inspiración bizantina de Santa Sofía, se encuentra este improvisado almacén donde, sobre todo las mujeres ucranianas, que son el 80 % de los migrantes de este país, clasifican en el sótano de la parroquia el material que les llega y lo colocan en cajas para poder enviarlo lo antes posible.

Dorina, de 23 años, se encuentra con algunos familiares ayudando a empaquetar sin pausa pañales para los niños. «Siento dolor, tristeza y angustia, pero tenemos que reaccionar y ayudar porque nosotros estamos aquí y ellos están allí. Tenemos que tener valor por todos ellos. Ahora mismo tengo que estar aquí ayudando mientras que mi pensamiento esta allí, con mis abuelos, mis tíos, mis primos…». Mientras, Tonya separa cuidadosamente la ropa de los bebés y la mete en bolsas selladas para que no se ensucie. Con su rotulador va escribiendo en cada paquete y afirma que se siente «orgullosa de la gran solidaridad que están recibiendo los ucranianos». «Cuando trabajo, mi único pensamiento es en mi madre, ella está allí», explica emocionada, Cristina Cabrejas.

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